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Ni el Centro ni la Periferia I y II por SCI Marcos

Sábado 1ro de diciembre de 2007, por CZIntersiderale

décembre 2007 18:26

Ni el Centro ni la Periferia

I. ARRIBA, PENSAR EL BLANCO LA GEOGRAF√ A Y EL CALENDARIO DE LA TEOR√ A

?El problema con la realidad, es que no sabe nada de teoría? Don Durito de La Lacandona.

El√≠as Contreras, Comisi√≥n de Investigaci√≥n del EZLN, dec√≠a que la lucha, la nuestra al menos, pod√≠a ser explicada como una lucha de geograf√≠as y calendarios. Ignoro si este compa√Īero, uno m√°s de los muertos que de por s√≠ somos, imagin√≥ siquiera que sus teor√≠as (?sus pensamientos?, dec√≠a √©l) ser√≠an presentadas al lado de tantas luces intelectuales como las que ahora confluyen en el suroriental estado mexicano de Chiapas.

Tampoco s√© si hubiera autorizado que yo, un subcomandante cualquiera, tomara algunos de esos pensamientos y los expusiera p√ļblicamente.

Pero, tomando en cuenta la evidencia de nuestro bajo ?rating? medi√°tico y te√≥rico, creo que puedo permitirme el tratar de exponer las bases rudimentales de esta teor√≠a, tan otra que es pr√°ctica. No voy a aburrirlos cont√°ndoles el embrollo sentimental de El√≠as Contreras que, como todos y todas las zapatistas, eligi√≥ amar con desaf√≠o. Como si el puente afectivo que se tiende hacia la otra, el otro o lo otro no fuera ya de por s√≠ complejo y complicado, El√≠as Contreras todav√≠a le agreg√≥ las distancias y muros que separan los calendarios y las geograf√≠as, adem√°s del conocimiento, es decir el respeto, de la existencia de lo otro. Como si de esa forma √©l (y con √©l, lo colectivo que somos) decidiera hacer todo lo posible para que un acto tan antiguo, com√ļn y cotidiano como la existencia del ser humano, se convirtiera en algo extraordinario, terrible, maravilloso.

En cambio, en lugar de contarles del complicado e inquebrantable puente del amor de El√≠as Contreras por la Magdalena (que no era ni hombre ni mujer, lo que ya de por s√≠ es un desaf√≠o a la lucha de g√©nero), pens√© entonces en traerles algo de la m√ļsica que se toca en las comunidades zapatistas. Por ejemplo, apenas anoche escuch√© una m√ļsica que el ?maistro de la ceremo√Īa? tipific√≥ como ritmo ?corrido-cumbia-ranchera-norte√Īa?. ¬ŅQu√© tal? Ritmo corrido-cumbia-ranchera-norte√Īa? si eso no es un desaf√≠o te√≥rico, entonces no s√© que lo sea. Y no me pregunten c√≥mo se toca o se baila eso, porque yo no toco ni la puerta y, adem√°s, a mi avanzada edad, en el baile tengo la gracia de un elefante con la u√Īa enterrada. Hace m√°s de dos a√Īos, en estas monta√Īas del sureste mexicano, en ocasi√≥n de las reuniones preparatorias de lo que despu√©s se llamar√≠a ?La Otra Campa√Īa?, una mujer joven dijo, palabras m√°s, palabras menos, ?si tu revoluci√≥n no sabe bailar, no me invites a tu revoluci√≥n?. Tiempo despu√©s, pero entonces en las monta√Īas del noroeste de M√©xico, volv√≠ a escuchar esas mismas palabras de la boca de un jefe ind√≠gena que se esfuerza por mantener vivos los bailes y la cultura toda de nuestros ancestros.

Al escuchar a la una y al otro, en tiempos distintos, yo volteé a mirar a una de las comandantas y le dije: ?Ahí le hablan jovena?. La Comandanta no dejó de mirar hacia la concurrencia, pero en voz baja dijo: ?Urrr Sup? Uta magre, viera que me dan pista y hasta les dejo planito el suelo?.

Yo no les voy a estar mentirando. La verdad es que pens√© que podr√≠a traerles algunas historias de Sombra el guerrero, de El√≠as Contreras y la Magdalena, de las mujeres zapatistas, de las ni√Īas y ni√Īos que crecen en una realidad diferente (ojo: no mejor, no peor, s√≥lo diferente) a la de sus padres, marcada por otra resistencia, y hasta les contar√≠a un cuento de la ni√Īa llamada ?Diciembre? que, como su nombre lo indica, naci√≥ en Noviembre. Y pens√© tambi√©n ponerles algunas m√ļsicas (sin agraviar a las presentes), pero es de todos conocida la seriedad con la que los zapatistas abordamos los temas te√≥ricos, as√≠ que s√≥lo dir√© que habr√≠a que encontrar alguna forma de ligar la teor√≠a con el amor, la m√ļsica y el baile. Tal vez igual la teor√≠a no alcanzar√≠a a explicar nada que valiera la pena, pero ser√≠a m√°s humana, porque la seriedad y el acartonamiento no garantizan el rigor cient√≠fico.

Pero, bueno, ya me estoy yendo de nuevo por otro lado. Les decía yo que Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN, decía a su vez que nuestra lucha podía ser entendida y explicada como una lucha de geografías y calendarios.

En nuestra participación como ?teloneros? de los pensamientos que en estos días se congregan en este lugar y en estas fechas, serán la geografía y el calendario? más bien, la larga trenza que entre ambos se anuda abajo, uno de los referentes de nuestra palabra. Dicen nuestros más mayores que los dioses más primeros, los que nacieron el mundo, fueron siete; que siete son los colores: el blanco, el amarillo, el rojo, el verde, el azul, el café y el negro; que son siete los puntos cardinales: el arriba y el abajo, el delante y el detrás, el uno y el otro lado, y el centro; y que siete son también los sentidos: oler, gustar, tocar, ver, oír, pensar y sentir.

Siete ser√°n entonces los hilos de esta larga trenza, siempre inconclusa, del pensamiento zapatista.

Hablemos, pues, de La Geografía y el Calendario de la Teoría. Para esto pensemos el color blanco allá arriba.

***

No tenemos el dato exacto, pero en el complejo calendario del pensamiento teórico de arriba, de sus ciencias, técnicas y herramientas, así como de sus análisis de las realidades, hubo un momento en que las pautas se marcaban desde un centro geográfico y de ahí se iban extendiendo hacia la periferia, como una piedra arrojada en el centro de un estanque.

La piedra conceptual tocaba la superficie de la teoría y se producía una serie de ondas que afectaban y modificaban los distintos quehaceres científicos y técnicos adyacentes. La consistencia del pensamiento analítico y reflexivo hacía, y hace, que esas ondas se mantengan definidas? hasta que una nueva piedra conceptual cae y una nueva serie de ondas cambia la producción teórica. La misma densidad de la producción teórica tal vez podría explicar el por qué las ondas, las más de las veces, no alcanzan a llegar a la orilla, es decir, a la realidad. ?Paradigmas científicos? han llamado algunos a estos conceptos capaces de modificar, renovar y revolucionar el pensamiento teórico.

En esta concepci√≥n del quehacer te√≥rico, en esta meta-teor√≠a, se insiste no s√≥lo en la irrelevancia de la realidad, tambi√©n y sobre todo se alardea que se ha prescindido completamente de ella, en un esfuerzo de aislamiento e higiene que, dicen, merece ser aplaudido. La imagen del laboratorio as√©ptico no s√≥lo se limit√≥ a las llamadas ?ciencias naturales? o a las ?ciencias exactas?, no. En los √ļltimos saltos del sistema mundial capitalista, esta obsesi√≥n por la higiene anti-realidad alcanz√≥ a las llamadas ?ciencias sociales?. En la comunidad cient√≠fica mundial empez√≥ entonces a cobrar fuerza la tesis de ?si la realidad no se comporta como indica la teor√≠a, peor para la realidad?.

Pero volvamos al plácido estanque de la producción teórica y a la piedra que ha alterado su forma y contenido.

El reconocimiento de esta aparente fragilidad del andamiaje conceptual cient√≠fico signific√≥ aceptar que la producci√≥n te√≥rica se renovaba continuamente, incluso dentro de su pretendido aislamiento de la realidad. El laboratorio (t√©rmino ahora muy usado por los llamados cient√≠ficos sociales para referirse a las luchas dentro de las sociedades) no podr√≠a nunca reunir las condiciones ideales, por m√°s as√©ptico y esterilizado que estuviera, para garantizar la perpetuidad que toda ley cient√≠fica reclama. Y es que resulta que en su mismo quehacer, irrumpen una y otra vez nuevos conceptos. En estas concepciones, la idea (el concepto, en este caso) precede a la materia y se adjudica as√≠ a la ciencia y la tecnolog√≠a la responsabilidad de las grandes transformaciones de la humanidad. Y la idea tiene, seg√ļn el caso, un productor o un enunciante: el individuo, el cient√≠fico en este caso.

Desde la ociosa reflexión de Descartes, la teoría de arriba insiste en la primacía de la idea sobre la materia. El ?pienso, luego existo? definía también un centro, el YO individual, y a lo otro como una periferia que se veía afectada o no por la percepción de ese YO: afecto, odio, miedo, simpatía, atracción, repulsión. Lo que estaba fuera del alcance de la percepción del YO era, es, inexistente.

As√≠, el nacimiento de este crimen mundial llamado capitalismo es producto de la m√°quina de vapor y no del despojo. Y la etapa capitalista de la globalizaci√≥n neoliberal arranca con la aparici√≥n de la inform√°tica, el internet, el tel√©fono celular, el mall, la sopa instant√°nea, el fast food; y no con el inicio de una nueva guerra de conquista en todo el planeta, la IV Guerra Mundial. En el campo de la tecnolog√≠a se repite el mismo patr√≥n. Y se agrega que, como el concepto cient√≠fico, la t√©cnica nace ?inocente?, ?libre de toda culpa?, ?inspirada en el bien de la humanidad?. Einstein no es responsable de la bomba at√≥mica, ni el se√Īor Graham Bell lo es de los fraudes v√≠a celular del hombre m√°s rico del mundo, Carlos Slim. El coronel Sanders no es responsable de las indigestiones provocadas por el Kentucky Fried Chiken, ni el se√Īor MacDonald de las hamburguesas de pl√°stico reciclado.

Esto, que algunos desarrollaron m√°s y definieron como ?objetividad cient√≠fica?, cre√≥ la imagen del cient√≠fico que permea todav√≠a el imaginario popular: un hombre o una mujer despeinados, con lentes, bata blanca, con desali√Īo corporal y espacial, embebidos frente a probetas y matraces burbujeantes.

El autodenominado ?cient√≠fico social? ?compr√≥? esa misma imagen, con algunos cambios: en lugar de laboratorio, un cub√≠culo; en lugar de matraces y probetas, libros y cuadernos; en lugar de blanca, una bata de color oscuro; el mismo desali√Īo; pero agregaba tabaco, caf√©, brandy o cog√Īac (tambi√©n en la ciencia hay niveles, mi buen) y m√ļsica de fondo, que eran impensables en un laboratorio. Sin embargo, unos y otros, enfrascados como estaban en su objetividad y asepsia, no advirtieron la aparici√≥n y crecimiento de los ?comisarios de la ciencia?, es decir, de los fil√≥sofos. Estos ?jueces? del conocimiento, tan objetivos y neutrales como sus vigilados, expropiaron el criterio de cientificidad. Como la realidad no era el referente para determinar la verdad o falsedad de una teor√≠a, entonces la filosof√≠a pas√≥ a cumplir ese papel. Apareci√≥ as√≠ la ?filosof√≠a de la ciencia?, es decir, la teor√≠a de la teor√≠a, la meta-teor√≠a. Pero la llamada ?ciencia social?, la hija bastarda del conocimiento, encontr√≥ a los fil√≥sofos con sobrecarga de trabajo o con exigencias dif√≠ciles de cumplir (del tipo ?Si A es igual a B y B es igual a C, entonces A es igual a C?), as√≠ que cada vez m√°s debe padecer a los intelectuales de la academia como censores y comisarios. ? Mmh? creo que con lo anterior ya demostr√© que puedo ser tan oscuro e incomprensible como cualquier te√≥rico que se respete, pero estoy seguro de que hay una forma m√°s sencilla de seguir con esto. As√≠ que ah√≠ les voy, nom√°s h√°ganse a un ladito, no los vaya yo a salpicar. En resumen, a consecuencia de este calendario y esta geograf√≠a, resulta que all√° arriba la producci√≥n te√≥rica no es m√°s que una moda que se piensa, ve, huele, gusta, toca, escucha y siente en los espacios de la academia, los laboratorios y los institutos especializados.

O sea que la teor√≠a es una moda que tiene en las tesis (de posgrado, mi buen, tambi√©n en la academia hay niveles), las conferencias, las revistas especializadas y los libros, los sustitutos de las revistas de moda. Los coloquios suplen el lugar de las exhibiciones de modas, y ah√≠ los ponentes hacen lo mismo que las modelos en la pasarela, es decir, exhiben su anorexia, en este caso, su delgadez intelectual. Tomad cada momento del surgimiento de uno de esos paradigmas y encontrareis un centro intelectual que se disputa la primicia. Las universidades europeas y los institutos tecnol√≥gicos de Norteam√©rica repiten el listado de la moda: Par√≠s, Roma, Londres, Nueva York (lo lamento si rompo alguna ilusi√≥n, pero no aparecen el Tec de Monterrey, ni la Ibero, ni la UDLA). Con esto quiero decir que el mundo cient√≠fico construy√≥ una torre de cristal (pero plomado), con sus propias leyes y adornado con los vitrales churriguerescos que elaboran los intelectuales ad hoc. A ese mundo, a esa torre y sus pent-houses, no podr√° acceder la realidad hasta que acredite estudios de posgrado y un curr√≠culum, presten atenci√≥n, tan abultado como la billetera. As√≠ se nos presenta al com√ļn de la gente, y as√≠ se representa a s√≠ misma la comunidad cient√≠fica. Pero una mirada atenta y cr√≠tica, una de √©sas que tanto escasean ahora, permitir√≠a ver lo que en realidad ocurre. Si el nuevo paradigma es el mercado y la imagen id√≠lica de la modernidad es el mall o el centro comercial, imaginemos entonces una sucesi√≥n de estantes llenos de ideas, o mejor a√ļn, una tienda departamental con teor√≠as para cada ocasi√≥n. No costar√° trabajo entonces imaginar al gran capitalista o al gobernante en turno recorriendo los pasillos, sopesando precios y calidades de los distintos pensamientos, y adquiriendo aquellos que se adapten mejor a sus necesidades. All√° arriba, toda teor√≠a que se respete debe cumplir una doble funci√≥n: por un lado: desplazar la responsabilidad de un hecho con una argumentaci√≥n, que no por elaborada es menos rid√≠cula; y, por el otro, ocultar la realidad (es decir, garantizar la impunidad).

En la explicación de la desgracia aparecen ejemplos:

El se√Īor Calder√≥n (todav√≠a algunos desubicados lo consideran el presidente de M√©xico), disfrazado como militar, encuentra en la teor√≠a lun√°tica la explicaci√≥n de las cat√°strofes que asolaron Tabasco y Chiapas (como antes a Sonora y Sinaloa) y ordena a sus tropas que le consigan la capacidad de convencimiento que no ha podido construir sobre ese castillo de naipes trucados que fue la elecci√≥n presidencial del 2006. Su fracaso, tan poco informado en los medios, era previsible: consigue m√°s el Telet√≥n que el Estado Mayor presidencial. Desplazando la responsabilidad a la luna (quien, dicho sea de paso, es rencorosa, como lo contar√° la leyenda del origen de Sombra, el guerrero ?pero eso ser√°, si es que es, otro d√≠a-), Calder√≥n oculta su responsabilidad y la de quienes lo antecedieron. Resultado: se crea una comisi√≥n para investigar? astronom√≠a, y darle as√≠, adem√°s del pobre de las armas, alg√ļn sustento leg√≠timo a este √©mulo de Huerta y amante, seg√ļn confesi√≥n propia, de los juegos cibern√©ticos militares. Seguramente, si la luna se niega a aceptar su culpabilidad, el titular del IV Reich le dir√°, con la mirada dura y decidida: ?¬°b√°jate o mando por ti!?. El se√Īor H√©ctor Aguilar Cam√≠n, el prototipo del intelectual no de arriba (√©l que m√°s quisiera) sino arribista, reescribe el ?Libro Blanco? con que la PGR zedillista quiso explicar, sin √©xito alguno, la matanza de Acteal (que este 22 de diciembre cumple 10 a√Īos sin verdad ni justicia). Fiel al patr√≥n en turno, Aguilar Cam√≠n busca, in√ļtilmente, desviar la indignaci√≥n que de nuevo se levanta, ocultando un crimen de Estado y desplazando la responsabilidad se los asesinatos? a los muertos. Felipe Calder√≥n y H√©ctor Aguilar Cam√≠n, uno vestido c√≥micamente de militar y otro pat√©ticamente disfrazado de intelectual. El primero maldiciendo a quien le recomend√≥ comprar la teor√≠a de la luna, y el segundo recorriendo oficinas gubernamentales y cuarteles militares ofreciendo en venta su in√ļtil detergente para limpiar las manchas de sangre.

Es √©sta, la teor√≠a blanca e impoluta de arriba, la que domina en el decadente mundo cient√≠fico. Frente a cada uno de sus estallidos te√≥ricos, tambi√©n llamados pomposamente ?revoluciones cient√≠ficas?, el pensamiento progresista en general se ha visto obligado a remar a contracorriente. Con el par de remos de la cr√≠tica y la honestidad, los pensadores (o te√≥ricos, aunque es com√ļn usar este t√©rmino como descalificativo) de izquierda deben cuestionar el alud de evidencias que, con el disfraz de la cientificidad, sepultan la realidad.

El referente de este quehacer crítico es la ciencia social. Pero si ésta se limita a expresar deseos, juicios, condenas y recetas (como ahora hacen algunos teóricos de la izquierda en México), en lugar de tratar de entender para tratar de explicar, su producción teórica no sólo resulta incapaz, sino, las más de la veces, patética.

Es entonces cuando la distancia entre teor√≠a y realidad no s√≥lo se convierte en un abismo, tambi√©n presenta el triste espect√°culo de autodenominados cient√≠ficos sociales arroj√°ndose con singular alegr√≠a al vac√≠o conceptual. Tal vez alguno, alguna, de quienes nos escuchan o leen, conozcan esos comerciales que anuncian productos para adelgazar sin hacer ejercicio y atasc√°ndose de garnachas y comida rica en ?hidrocarburos?. S√© que es poco probable que alguien de aqu√≠ sepa de ello, pues estoy seguro de que se encuentran inmersos en cuestiones realmente importantes de la teor√≠a, as√≠ que permitan que les d√© un ejemplo: hay un anuncio de una galleta que si se come, a ellas les puede dar la figura de Angelina Jolie (suspiro), y ellos pueden llegar a tener el cuerpo atl√©tico del SupMarcos (¬°arrrrrroz con leche!)? ¬°un momento! ¬Ņyo escrib√≠ eso que acabo de decir? Mmh? no, no lo creo, mi modestia es legendaria, as√≠ que borren esa parte de sus apuntes. ¬ŅEn qu√© estaba? ¬°Ah s√≠!, en la galleta que les dar√° una figura espectacular y eso sin hacer m√°s ejercicio que el de llevar el producto a la boca y masticarlo.

De la misma forma, en los √ļltimos a√Īos ha cobrado fuerza, en el medio intelectual progresista de M√©xico, la idea de que se puede transformar las relaciones sociales sin luchar y sin tocar los privilegios de que disfrutan los poderosos. S√≥lo es necesario tachar una boleta electoral y ¬°zaz!, el pa√≠s se transforma, proliferan las pistas de hielo y las playas artificiales, las carreras de autos en Reforma, los perif√©ricos con segundo piso incluido y las construcciones del bicentenario (¬Ņha notado usted que no se habla del centenario?). Vaya, ni siquiera es necesario vigilar la elecci√≥n para que no se convierta en un fraude y en una pel√≠cula document√°ndola. La sumisi√≥n con que esto fue adquirido, digerido y difundido por buena parte de la intelectualidad progresista de M√©xico no debiera extra√Īar, sobre todo si se toma en cuenta que lo otro, pensar, analizar, debatir y criticar, cuesta m√°s, es decir, es m√°s caro. Lo que sorprende es la virulencia y ruindad con la que atacaron y atacan a quien no se traga esa galleta √©tica, perd√≥n, esa rueda de molino. Les doy otro ejemplo:

En la Ciudad de México se ha realizado un despojo impecable y ha obtenido el apoyo y/o el silencio cómplice de esa intelectualidad.

Un gobierno de ?izquierda moderna? ha conseguido lo que la derecha no había podido: despojar a la ciudad y al país del Zócalo.

Sin necesidad de leyes reguladoras de marchas y mítines, sin necesidad de las firmas que los panistas hubieron de falsificar, el gobierno de Marcelo Ebrard toma el Zócalo, lo entrega a empresas comerciales (por ahí leímos que era de alabar que no le hubiera costado nada al gobierno del DF y que todo hubiera sido costeado por empresas privadas que, por cierto, incluyen a una de las televisoras ?vetadas? por el lopezobradorismo), se construye una pista de hielo y ¡zaz!, cuando menos durante dos meses, nada de mítines o manifestaciones en esa plaza que el movimiento estudiantil de 1968 arrancó a las celebraciones oficiales.

No más CND-lópezobradorista, no más invasiones de turbas a la catedral, nada de gritos que no sean los de quienes se caen, nada de mítines ni marchas, no más gritos, pancartas, indignación.

Para los 10 meses restantes del a√Īo, el ?izquierdoso? Ebrard ya tiene pensados nuevos proyectos que hagan sentir a los capitalinos que est√°n en alguna otra metr√≥poli muy ?chic?.

Hace apenas unos días, el llamado FNCR descubrió que la marcha que había convocado para el Zócalo no podría realizarse porque la pista de hielo lo ocupaba. No protestaron contra ese despojo, simplemente cambiaron de lugar. Después de todo, no había por qué interferir en el espíritu neoyorkino que ahora se respira en el DF? ni en las ventas de patines de hielo en los grandes centros comerciales.

No s√≥lo no se impidi√≥ el despojo, no s√≥lo no se critic√≥, adem√°s se aplaudi√≥ y celebr√≥ con fotos a color en primera plana, cr√≥nicas y entrevistas, este evento ?hist√≥rico? que le ahorr√≥ a los defe√Īos las largas colas para obtener la visa norteamericana, y el costo del transporte y el hospedaje en la Nueva York de las pel√≠culas que ven Marcelo Ebrard y su aspirante a Cristina Kirchner aut√≥ctona.

Si esto recuerda el m√©todo de ?pan y circo? tan caro a los gobiernos pri√≠stas, se olvida que sigue faltando el alimento, porque el √ļnico PAN que hay es el partido que ahora se amarra a la ca√≠da de Calder√≥n Hinojosa, con el que toda la clase pol√≠tica se relaciona en privado y se deslinda en p√ļblico.

Todo eso se pasa y se celebra porque el se√Īor Ebrard no se ha tomado (todav√≠a) la foto con Felipe Calder√≥n y porque dice que es de izquierda? aunque gobierne como de derecha, con desalojos y despojos disfrazados de espect√°culo y orden.

¬ŅY estos intelectuales de izquierda?

Bueno, pues aplausos para el desalojo de los barrios (con acusaciones de narcotráfico que nunca fueron probadas), más aplausos para el desalojo del comercio ambulante en el centro histórico (para acabar de entregarlo a la iniciativa privada), más aplausos a las edecanes en la carrera de autos en la avenida Reforma?

¬°Qu√© cambio, mi buen!, de las carpas ?all included? del plant√≥n contra el fraude, al glamur de la velocidad en un deporte tan de masas, tan popular y tan sin patrocinio como es el de las carreras de autos; del ?grito de los libres? contra el espurio, a aspirar a ser subsede de la olimpiada de invierno; ¬°no, mi buen! ¬°no importa si eso no es de izquierda, pero de que apantalla, apantalla!; mire, estos patines los tengo en varias combinaciones: tricolores para los nost√°lgicos, azules para los persignados, y amarillo con negro para los ingenuos; hay tambi√©n con los colores de la chiquillada, digo, de lo perdido lo que aparezca, ¬Ņno cree? Ahora que, eso s√≠, el patinaje sobre hielo es para gente esbelta, as√≠ que le incluyo estas galletas que lo dejan m√°s delgado que con un apretuj√≥n en el metro en hora pico. ¬ŅQu√©? ¬ŅEs usted skater@? ¬ŅNo le digo? Por eso este pa√≠s no progresa, donde quiera abunda la gente sucia, fea, mala y, para acabarla de amolar, naca. √“rale, siquiera deme lo del fondo de desempleo y no le digo a nadie? _

Frente al desalojo de familias en el barrio bravo de Tepito, el silencio o el razonamiento fr√≠volo y servil: ?se est√° combatiendo a la delincuencia?, se√Īal√≥ un intelectual y fallido suspirante a la rector√≠a de la UNAM, y una foto en primera plana mostraba a una ni√Īa sentada sobre los pocos muebles que su familia rescat√≥ de uno de los desalojos. La filosof√≠a Rudolph Giulianni, importada de Nueva York (como la pista de hielo) por L√≥pez Obrador con la coartada de ?primero los pobres?, ahora hecha argumentaci√≥n intelectual: esa ni√Īa era una narcotraficante en potencia? ahora es? nadie.

Ya no se quiere ocultar que la llamada izquierda institucional no es de izquierda, ahora se presenta como una virtud, de la misma forma que se anuncia un café descafeinado con la virtud de que no desvela y no sabe a café.

Es esta izquierda a la que algunos intelectuales progresistas (lo que sea de cada quien, los hombres son ah√≠ la mayor√≠a) presentan como el √ļnico referente aceptable, maduro, responsable, deseable y posible para la transformaci√≥n social.

Sin embargo, y afortunadamente, no todo el pensamiento progresista es ?bien portado?.

Algunos hombres y mujeres han hecho del pensamiento analítico y reflexivo, palabra incómoda y a contrapelo. En estos días podremos escuchar a algunas de estas pensadoras y pensadores. No están todos los que son, ni son todos los que están, pero el saber de su navegar río arriba en el cauce del conocimiento, es un alivio para quienes a veces imaginamos que no estamos solos. Por eso saludo en esta primera ronda a Immanuel Wallerstein y a Carlos Aguirre Rojas. Reflexionando sobre algo del trabajo teórico de ellos, presentamos?

ALGUNAS TESIS SOBRE LA LUCHA ANTISIST√‰MICA. UNO.- No se puede entender y explicar el sistema capitalista sin el concepto de guerra. Su supervivencia y su crecimiento dependen primordialmente de la guerra y de todo lo que a ella se asocia e implica. Por medio de ella y en ella, el capitalismo despoja, explota, reprime y discrimina. En la etapa de globalizaci√≥n neoliberal, el capitalismo hace la guerra a la humanidad entera. DOS.- Para aumentar sus ganancias, los capitalistas no s√≥lo recurren a la reducci√≥n de costos de producci√≥n o al aumento de precios de venta de las mercanc√≠as. Esto es cierto, pero incompleto. Hay cuando menos tres formas m√°s: una es el aumento de la productividad; otra es la producci√≥n de nuevas mercanc√≠as; una m√°s es la apertura de nuevos mercados. TRES.- La producci√≥n de nuevas mercanc√≠as y la apertura de nuevos mercados se consiguen ahora con la conquista y reconquista de territorios y espacios sociales que antes no ten√≠an inter√©s para el capital. Conocimientos ancestrales y c√≥digos gen√©ticos, adem√°s de recursos naturales como el agua, los bosques y el aire son ahora mercanc√≠as con mercados abiertos o por crear. Quienes se encuentra en los espacios y territorios con estas y otras mercanc√≠as, son, qui√©ranlo o no, enemigos del capital. CUATRO.- El Capitalismo no tiene como destino inevitable su autodestrucci√≥n, a menos que incluya al mundo entero. Las versiones apocal√≠pticas sobre que el sistema colapsar√° por s√≠ mismo son err√≥neas. Como ind√≠genas llevamos varios siglos escuchando profec√≠as en ese sentido. CINCO.- La destrucci√≥n del sistema capitalista s√≥lo se realizar√° si uno o muchos movimientos lo enfrentan y derrotan en su n√ļcleo central, es decir, en la propiedad privada de los medios de producci√≥n y de cambio SEIS.- Las transformaciones reales de una sociedad, es decir, de las relaciones sociales en un momento hist√≥rico, como bien lo se√Īala Wallerstein en algunos de sus textos, son las que van dirigidas contra el sistema en su conjunto. Actualmente no son posibles los parches o las reformas. En cambio son posibles y necesarios los movimientos antisist√©micos. SIETE.- Las grandes transformaciones no empiezan arriba ni con hechos monumentales y √©picos, sino con movimientos peque√Īos en su forma y que aparecen como irrelevantes para el pol√≠tico y el analista de arriba. La historia no se transforma a partir de plazas llenas o muchedumbres indignadas sino, como lo se√Īala Carlos Aguirre Rojas, a partir de la conciencia organizada de grupos y colectivos que se conocen y reconocen mutuamente, abajo y a la izquierda, y construyen otra pol√≠tica. Habr√≠a, creemos nosotros, nosotras, que desalambrar la teor√≠a, y hacerlo con la pr√°ctica. Pero eso tal vez lo pueda explicar mejor Do Daniel Viglietti esta noche, cuando asuma la parte de culpa que tiene de que yo est√© detr√°s de este pasamonta√Īas, en lugar de estar detr√°s de una guitarra intentando el ritmo corrido-cumbi-ranchera-norte√Īa. As√≠ las cosas, creo que siempre s√≠. Daniel Viglietti cantar√° esta noche, as√≠ que habr√° m√ļsica y baile. Tal vez lleguen tambi√©n, en estos d√≠as, El√≠as Contreras, la Magdalena, Sombra, Diciembre y las mujeres zapatistas. Y tal vez Andr√©s Aubry sonr√≠a viendo y escuchando todo, contento de no estar en esta mesa donde nunca acababa de decir lo que ten√≠a que decirnos, porque se le iba la vida agradeciendo e, invariablemente, a mitad de su ponencia le pasaban el papelito de ?tiempo?. As√≠ que, antes de que me lo pasen a m√≠, gracias, nos vemos en la tarde.

II. ESCUCHAR EL AMARILLO
EL CALENDARIO Y LA GEOGRAF√ A DE LA DIFERENCIA

?El peligro de l@s diferentes está en que luego les da por parecerse mucho entre sí?.
Don Durito de La Lacandona.
La lucha de las mujeres, ¬Ņdel centro a la periferia?

Si antes hablamos de que en el pensamiento de arriba existía un abismo entre teoría y realidad y de la bulimia teórica concomitante que se vuelve moda entre una parte de la intelectualidad progresista, ahora quisiéramos detenernos en ese punto de la geografía pretendidamente científica que es el centro donde la piedra conceptual, es decir, la moda intelectual, cae y se inician las ondas que afectarán la periferia.

Resulta que esas teorías y prácticas surgidas en el centro, se extienden hacia la periferia no sólo afectando los pensamientos y prácticas en esos rincones, también, y sobre todo, imponiéndose como verdad y modelo a seguir.

Ya se habló del surgimiento de nuevos actores o sujetos sociales, y se mencionó a las mujeres, los jóvenes y jóvenas, y los otros amores.

Pues bien, sobre estos ?nuevos? protagonistas de la historia cotidiana, surgen nuevas elaboraciones teóricas que, siempre en el centro emisor, se traducen en prácticas políticas y organizativas.

En el caso de la lucha de género, o más específicamente, en el feminismo, sucede lo mismo. En una de las metrópolis surge una concepción de lo que es, su carácter, su objetivo, sus formas, su destino. De ahí se exporta a los puntos de la periferia, que a su vez son centros de otras periferias.

Este traslado no se da sin los problemas y ?atorones? propios de las distintas geografías.

Tampoco se da, paradójicamente, en términos de equidad. Y digo ?paradójicamente? porque uno de los rasgos esenciales de esta lucha es su demanda de equidad, de equidad de género.

Espero que las compa√Īeras y compa√Īeros que enarbolan esta lucha, y que me est√°n escuchando o leyendo, disculpen el reduccionismo y simplismo con el que estoy tocando este punto. Y no es porque quiera salvar mi machismo, tan natural y espont√°neo, en serio, sino porque no estamos pensando, a la hora de referirnos a esto, en los esfuerzos que llevan adelante. No decimos que sus proyectos no sean cuestionables.

Lo son y en más de un aspecto, pero estamos hablando de otra lucha de género, de otro feminismo: el que viene de arriba, del centro a la periferia.

En unos d√≠as m√°s, las mujeres zapatistas celebrar√°n un encuentro donde su experiencia y palabra tendr√°n un espacio √ļnico, as√≠ que no abundar√© m√°s en este tema. Sin embargo, quisiera contarles la breve historia de un desencuentro. En los primeros meses posteriores al inicio de nuestro alzamiento, un grupo de feministas (as√≠ se autodenominaron) llegaron a algunas de las comunidades zapatistas.

No, no llegaron a preguntar, a escuchar, a conocer, a respetar. Llegaron a decir lo que debían hacer las mujeres zapatistas, llegaron a liberarlas de la opresión de los machos zapatistas (empezando, por supuesto, por liberarlas del Sup), a decirles cuáles eran sus derechos, a mandar pues.

Cortejaron a quienes consideraban las jefas (por cierto, con métodos muy masculinos, dicho sea de paso). A través de ellas intentaron imponer, desde fuera, en forma y contenido, una lucha de género que ni siquiera se detuvieron a averiguar si existía o no y en qué grado en las comunidades indígenas zapatistas.

Ni siquiera se pararon a ver si las habían escuchado y entendido. No, su misión ?liberadora? estaba cumplida. Volvieron a sus metrópolis, escribieron artículos para periódicos y revistas, publicaron libros, viajaron con los gastos pagados al extranjero dando conferencias, tuvieron cargos gubernamentales, etc.

No vamos a cuestionar esto, cada quien se consigue las vacaciones como puede. Sólo queremos recordar que no hicieron mella alguna en las comunidades ni trajeron beneficio alguno a las mujeres.

Este desencuentro inicial marc√≥ la relaci√≥n posterior entre las mujeres zapatistas y las feministas, y llev√≥ a una confrontaci√≥n soterrada que, por supuesto, las feministas achacaron al machismo vertical y militarista del EZLN. Esto lleg√≥ hasta el punto en que un grupo de Comandantas se neg√≥ a un proyecto sobre derechos de la mujer. Resulta que se quer√≠an dar unos cursos, dise√Īados por ciudadanas, impartidos por ciudadanas y evaluados por ciudadanas. Las compa√Īeras se opon√≠an, quer√≠an ser ellas quienes decidieran los contenidos y ellas quienes impartieran el curso y ellas quienes valoraran los resultados y lo que segu√≠a.

El resultado lo podr√°n conocer ustedes si asisten al Caracol de La Garrucha y escuchan, de los propios labios de las zapatistas, esa y otras historias. Tal vez les ayudar√≠a a entender mejor, llevar la disposici√≥n y el √°nimo de comprender. Tal vez, como Sylvia Marcos en el Israel de las beduinas, entender√≠an que las zapatistas, como muchas mujeres en muchos rincones del mundo, transgreden las reglas sin desechar su cultura, se rebelan como mujeres, pero sin dejar de ser ind√≠genas y tambi√©n, no hay que olvidarlo, sin dejar de ser zapatistas. Hace unos a√Īos, un periodista me cont√≥ que se hab√≠a encontrado en la carretera a una se√Īora zapatista y le hab√≠a dado ?avent√≥n? hasta el pueblo. ?¬ŅAndaba con uniforme o pantal√≥n o botas??, le pregunt√© preocupado. El periodista me aclar√≥: ?No, llevaba nag√ľa, camisa bordada y estaba descalza. Adem√°s llevaba su hijo cargando en el rebozo?.

?¬ŅC√≥mo supo entonces que era zapatista??, le insist√≠. El periodista me respondi√≥ con naturalidad: ?es f√°cil, las zapatistas se paran diferente, caminan diferente, miran diferente?. ?¬ŅC√≥mo??, reiter√©. ?Pues como zapatistas?, dijo el periodista y sac√≥ su grabadora para preguntarme sobre la propuesta de di√°logo del gobierno, las pr√≥ximas elecciones, los libros que he le√≠do y otras cosas igualmente absurdas.

Sin embargo, es necesario se√Īalar que esta distancia se ido acortando gracias al trabajo y comprensi√≥n de nuestras compa√Īeras feministas de La Otra Campa√Īa, particularmente y de manera destacada, de nuestras compa√Īeras de La Otra Jovel.

Seg√ļn mi visi√≥n machista, en ambos rincones se ha entendido la diferencia entre unas y otras y, por tanto, ha iniciado un reconocimiento mutuo que devendr√° en algo muy otro, y que seguro pondr√° a temblar no s√≥lo al sistema patriarcal en su conjunto, tambi√©n a quienes apenas estamos entendiendo la fuerza y el poder de esa diferencia, y que nos lleva a repetir, aunque con otro sentido, el ?¬°Vive le difference!?, ¬°Viva la Diferencia!

De esa tensión que, paulatinamente, se convierte en liga y puente, saldrá un nuevo calendario en una nueva geografía. Uno y una donde la mujer, en su igualdad y diferencia, tenga el lugar que conquiste en esa su lucha, la más pesada, la mas compleja y la más continua de todas las luchas antisistémicas.

***

Nuestros sabedores m√°s mayores cuentan que los dioses m√°s primeros, los que nacieron el mundo, hicieron el color amarillo a partir de la risa de las ni√Īas y ni√Īos. Recordando esto, hemos decidido contarles un cuento que es para menores de edad, pero que los mayores se lo van a tener que chutar porque? porque? bueno, pues porque se ver√≠a muy mal que se salgan antes de que termine esta sesi√≥n del coloquio. Ahora que, si se van a salir, les pido que no sean gachos y lo hagan con discreci√≥n para que aqu√≠ los organizadores no sientan tan feo. Bueno, para las que se queden, aqu√≠ est√° el cuento? Ya antes cont√© esto, as√≠ que s√≥lo repetir√© brevemente la historia de Diciembre. Ella era una ni√Īa, as√≠, peque√Īita. Hab√≠a nacido en el mes de noviembre y, como sus padres s√≥lo hablaban lengua ind√≠gena, se hizo un desmadre cuando la fueron a registrar. El notario preguntaba atropelladamente d√≥nde naci√≥, cu√°ndo naci√≥, en qu√© mes estamos (es que andaba medio crudo) y cosas as√≠. Su madre apenas estaba por responder el mes en que est√°bamos, cuando el del registro civil volvi√≥ a la pregunta de c√≥mo se iba a llamar. ?Diciembre?, escuch√≥ el notario y, pues se ching√≥ Roma, porque cuando se dieron cuenta ya era un relajo cambiar los papeles. As√≠ que ?Diciembre? se pas√≥ a llamar esta ni√Īa que naci√≥ en noviembre. Seg√ļn los usos y costumbres de los adultos, cuando rega√Īan a una ni√Īa o ni√Īo, no se acuerdan de su nombre, y empiezan a decir varios nombres hasta que le atinan. En el caso de Diciembre, los rega√Īos eran menos estrictos, porque la mam√° empezaba por Enero, y cuando llegaba a Diciembre ya se le hab√≠a olvidado por qu√© iba a rega√Īar a la ni√Īa. En otra historia, ahora ya lejana, Diciembre conoci√≥ a un b√ļho y se hizo amiga de √©l. En aquel entonces, resolvi√≥ el desaf√≠o de la flauta chueca y no me acuerdo qu√© otras travesuras m√°s hizo. Pues bien, aqu√≠ les va?

DICIEMBRE Y LA HISTORIA DEL LIBRO SIN MANOS.

Una tarde, casi noche, como √©sta que anuncia lluvia de luces, andaba Diciembre caminando as√≠ nom√°s. Acaso estaba pensando nada, s√≥lo caminaba recogiendo piedritas y ramitas, y colgaba las piedritas de un √°rbol, y amontonaba las ramitas a un lado del camino, y les pon√≠a nombres: √©se era un ?√°rbol de piedras? y aquello una ?monta√Īa de ramas?. O sea que, como quien dice, a la Diciembre √©sta no s√≥lo le daba por revolver su pensamiento, tambi√©n revolv√≠a el mundo. Ten√≠a, adem√°s, unos lapiceros de colores que a saber qui√©n le hab√≠a regalado. As√≠ que, cuando no estaba colgando piedras y amontonando ramas, Diciembre sacaba los lapiceros de su morraleta y se pon√≠a a pintar de colores lo que estuviera a la mano. Bueno, pues resulta que as√≠ andaba la Diciembre, tarareando una canci√≥n a ritmo de corrido-cumbia-ranchera-norte√Īa, cuando ¬°zas!, ah√≠ nom√°s estaba parado, en medio del camino, un libro. Contenta se puso la Diciembre. Sac√≥ sus colorines y fue muy decidida a agarrar el libro para llenarlo de rayones y bolitas y palitos y hasta un garabato que se supone, ser√≠a el retrato hablado de la Panfililla, que as√≠ se llamaba una su perrita que m√°s bien era bien mulita (sin agraviar a las presentes). Ya se acercaba la Diciembre al libro que estaba en medio del camino, ya se imaginaba que la Junta de Buen Gobierno le daba permiso de pintar un su mural en la pared de la escuela aut√≥noma, ya se ve√≠a pidi√©ndole a una se√Īora sociedad civil que le tomara una foto a ella con la Panfililla, paradas junto al mural, y ya pensaba que si acaso no se parec√≠a la Panfililla a la pintura del mural pues ah√≠ mismo pintaba las correcciones. No en la pared de la escuela, sino en el cuerpo de la Panfililla, por supuesto. Todo esto iba pensando la Diciembre cuando, al acercarse a tomar el libro con sus manos, ¬°zas!, el libro abri√≥ sus pastas y se ech√≥ a volar. ?¬°√“rales!?, dijo la Diciembre con un tono que no dejaba duda de su origen plebeyo, ?tras que ese libro vola?. El libro alete√≥ unos metros y se fue a posar m√°s adelante, en medio del camino. Diciembre corri√≥ a agarrar el libro, pero antes de que llegara, volvi√≥ a volar. Diciembre pens√≥ entonces que el libro quer√≠a jugar y pues ella tambi√©n. As√≠ que ah√≠ andaba la ni√Īa correteando de un lado a otro al libro volador y, mientras tanto, la Panfililla ya se hab√≠a empacado media docena de piedras y dos docenas de ramitas, y se hab√≠a quedado tirada, haciendo la digesti√≥n y nom√°s moviendo las orejas de un lado a otro, seg√ļn corr√≠a la Diciembre detr√°s del libro. Ah√≠ tardaron, pero lleg√≥ el momento en que la Diciembre se cans√≥ y qued√≥ muy agotada, tirada a un lado de la Panfililla. ?¬ŅY ora qu√© hacemos Panfililla??, pregunt√≥ Diciembre. Y la Panfililla nom√°s movi√≥ la oreja, porque todav√≠a estaba tratando de digerir una piedra de √°mbar y no pod√≠a ladrar. ?Ya s√©, tengo una idea?, dijo la Diciembre, ?voy a ir a buscar al se√Īor B√ļho y le voy a preguntar?. La Panfililla movi√≥ las orejas como diciendo ?sale, yo aqu√≠ te espero?, mientras miraba que todav√≠a le faltaba la mitad del montecito de ramitas por zamparse. As√≠ que Diciembre fue a visitar a su amigo el B√ļho. Lo encontr√≥ sentado encima de su √°rbol, viendo una revista con muchachas encueradas. Aqu√≠ el B√ļho interrumpe el cuento y le aclara al respetable p√ļblico: ?No le crean al Sup, no era una revista de muchachas encueradas, era un folleto de lencer√≠a, de Victoria Secrets para m√°s se√Īas. No es lo mismo?. Bueno, pues el B√ļho estaba viendo una revista de muchachas semiencueradas cuando lleg√≥ Diciembre y ah√≠ nom√°s, sin anestesia ni decir agua va, le solt√≥: ?O√≠, se√Īor B√ļho, ¬Ņpor qu√© hay libros que volan?? ?Se dice ?vuelan? y no ?volan?, corrigi√≥ el se√Īor B√ļho, y agreg√≥: ?Y no, los libros no vuelan. Los libros est√°n en las librer√≠as, en las bibliotecas, en los escritorios de los cient√≠ficos y, cuando no los compra nadie, en las mesas afuera de los coloquios? ?Hay uno que s√≠?, le contest√≥ Diciembre, y en seguida le cont√≥ lo que hab√≠a pasado antes con el libro volador. El se√Īor B√ļho cerr√≥ su folleto de muchachas en pa√Īos menores, claro, no sin antes marcar la p√°gina en la que se hab√≠a quedado, y dijo muy decidido: ?Muy bien, vamos a investigar, nom√°s agu√°ntame un rat√≥n porque tengo que ponerme ropa adecuada?. ?Bueno?, dijo Diciembre y mientras esperaba al se√Īor B√ļho, se puso a colgar en las ramas de los √°rboles algunas piedritas que logr√≥ rescatar de la gula de la Panfililla. El se√Īor B√ļho, mientras tanto, abri√≥ un gigantesco ba√ļl y empez√≥ a buscar, murmurando: ?mmh? l√°tigo, no? liguero, tampoco? neglill√©, menos? mmh? ¬°aqu√≠ est√°!?, exclam√≥ de pronto el se√Īor B√ļho y sac√≥ un pasamonta√Īas negro. Se lo puso y, tomando una pipa, se dirigi√≥ a Diciembre y le pregunt√≥: ?Y bien, ¬Ņqu√© te parece mi disfraz?? Diciembre lo mir√≥ extra√Īada y, despu√©s de un rato, dijo: ?¬Ņy de qu√© est√° disfrazado?? ?¬ŅC√≥mo de qu√©? ¬°Pues de subcomandante! Si el libro √©se me ve como b√ļho, no me va a dejar acercarme siquiera, porque los b√ļhos de por s√≠ queremos muchos libros, en cambio los subcomandantes no los usan ni para nivelar mesas?. Aqu√≠ el Sup interrumpe para aclararle al respetable: ?No le crean al se√Īor B√ļho, los subcomandantes s√≠ usamos los libros, a veces, cuando la le√Īa no prende?? Ejem, ejem. Bueno, pues les dec√≠a que la Diciembre y el se√Īor B√ļho disfrazado de subcomandante, bajaron del √°rbol y se dirigieron a donde la ni√Īa hab√≠a dejado a la Panfililla esper√°ndola. Cuando llegaron a donde estaba la perrita, la encontraron tratando, simult√°neamente, de roer la mitad de una pantufla y de digerir la otra mitad. ?¬°Mis pantuflas totalmente Palacio!?, exclam√≥ escandalizado el se√Īor B√ļho y empez√≥ a luchar con la Panfililla, tratando de arrebatarle la mitad de la pantufla que, adem√°s, era la mitad de adelante, o sea que todav√≠a pod√≠a pasar como una pantufla versi√≥n minimalista. Diciembre le ayud√≥, y algo le dijo al o√≠do, bueno a la oreja, a la Panfililla que √©sta, inmediatamente, solt√≥ la mitad delantera de la pantufla del se√Īor B√ļho. ¬°Uff!, suspir√≥ aliviado el se√Īor B√ļho y, mientras hac√≠a el recuento de los da√Īos, le pregunt√≥ a Diciembre: ¬ŅY qu√© le dijiste para que la soltara? Diciembre contest√≥ sin inmutarse: ?Que le iba a dar la mitad de la otra pantufla?. ¬Ņ¬°Qu√©!?, grit√≥ el se√Īor B√ļho. ?¬°Mis pantuflas, mi buen nombre, mi prestigio, mi status intelectual?!? En eso, ¬°zas!, Diciembre descubri√≥, cerca de donde estaban, al libro volador. ¬°Ah√≠ est√°!, le grit√≥ Diciembre al se√Īor B√ļho. El se√Īor B√ļho se acomod√≥ como pudo el pasamonta√Īas, encendi√≥ la pipa y le dijo a Diciembre: ?T√ļ esp√©rame aqu√≠, voy a investigar?. Lleg√≥ el se√Īor B√ļho hasta donde estaba el libro volador, quien no lo reconoci√≥ por su disfraz de subcomandante. Como es sabido, los libros les cuentan a los subcomandantes hasta lo que no viene escrito en ellos, as√≠ que tardaron hablando. Diciembre ya se estaba quedando dormida cuando el se√Īor B√ļho regres√≥ y le dijo: ?Ya est√°. El misterio ha sido resuelto?. ¬ŅQu√© pas√≥?, pregunt√≥ Diciembre bostezando. Elemental, mi querida Diciembre. Se trata, simple y sencillamente, de un caso extremo de ?libro sin manos?, dijo el se√Īor B√ļho. ¬ŅLibro sin manos?, ¬ŅY qu√© es eso?, pregunt√≥ Diciembre. Pues es un libro que no quiere estar en un estante de librer√≠a o biblioteca, o en un escritorio, o arrumbado en un rinc√≥n, o nivelando una mesa. Es un libro que quiere estar en las manos de alguien. Que lo lea, que lo escriba, que lo pinte, que lo quiera pues, explic√≥ el se√Īor B√ļho. ¬°Yo!, dijo Diciembre alegremente. ¬ŅEst√°s segura? Un libro no es cualquier cosa, no es como un dinosaurio come-pantuflas, dijo el se√Īor B√ļho mientras miraba con rencor a la Panfililla, que ya estaba mordisqueando la pipa del disfraz de Sup del se√Īor B√ļho. No es dinosaurio, es dinosauria, y s√≠, estoy segura, respondi√≥ decidida la Diciembre. Bueno, prueba a ver si lo convences a √©l, dijo el se√Īor B√ļho mientras trataba de arrebatarle la pipa a la Panfililla. ¬ŅY c√≥mo hago?, pregunt√≥ Diciembre. Muy sencillo, ac√©rcate, pero no mucho y extiende tus manitas. Si te acepta, entonces √©l ir√° hacia a ti, le indic√≥ el se√Īor B√ļho. Sale, dijo la Panfililla, perd√≥n, la Diciembre. Se limpi√≥ las manos en la nagua porque se acord√≥ que no se las hab√≠a lavado, se acerc√≥ poco a poco al libro volador y, cuando crey√≥ estar lo suficientemente cerca para que el libro la viera pero no se espantara, extendi√≥ sus dos manitas. El libro abri√≥ entonces sus tapas, como para echarse a volar, pero dud√≥. Diciembre alarg√≥ m√°s sus manitas y dijo: ?Ven, ven, ven? El libro empez√≥ entonces a volar, pero en lugar de alejarse, fue a posarse en las manitas de Diciembre. La ni√Īa se puso muy contenta y abraz√≥ el libro contra su pecho, tanto que el libro se ech√≥ un pedito: prttt. El se√Īor B√ļho aplaudi√≥ satisfecho y la Panfililla no ladr√≥, pero eruct√≥ con aroma a pantufla mal digerida. Se fue entonces el se√Īor B√ļho a seguir viendo muchachas? perd√≥n, a leer y estudiar mucho. Diciembre se puso a colorear el libro con sus plumines y no vivieron muy felices porque, en un descuido, la Panfililla se empac√≥ la contraportada, el √≠ndice, los anexos y 7 pies de p√°gina. Tan- tan.
Moraleja: no dejen nada al alcance de las perritas, pueden ser dinosaurias disfrazadas.
Y ya, espero que Daniel Viglietti les haga olvidar pronto esta ponencia tan poco seria, y que las ni√Īas la recuerden? por siempre jam√°s.
Gracias.
Subcomandante Insurgente Marcos.
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, M

— 

P.-S.

Col.lectiu de Solidaritat amb la Rebel.lio Zapatista C/ de la Cera, 1 bis. 08001 Barcelona tel: 34-93-4422101 y 3290643 fax: 34-93-3290858 email: ellokal@pangea.org http://chiapas.pangea.org

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